LA
REALIDAD DE LA SALUD. DR. RATH
¿No tiene usted enemigos al atacar a grupos de interés tan poderosos
como la industria farmacéutica?
He hecho frente a estos poderes desde que recogí la antorcha del
dos veces ganador del premio Nóbel Linus Pauling. Desde el principio
fui totalmente consciente de que solamente el descubrimiento de
la conexión entre el escorbuto y las enfermedades del corazón
incinera un multimillonario mercado farmacéutico para siempre.
Así que retomar esta batalla para liberar a la humanidad del yugo
de esta industria inmoral y engañosa fue una decisión intencionada.
Si miramos atrás, hay unas cuantas lecciones importantes que aprender.
Si un científico, un hombre, puede marcar una diferencia así en
el curso de los acontecimientos humanos como para derrumbar a
la mayor industria de inversión de la tierra, no es sólo por mi
propia fuerza. La razón principal por la que, junto con unas cuantas
personas, pude hacer que comenzase la desaparición de la mayor
industria de inversión del siglo XX fue porque la naturaleza de
esta industria era el engaño: prometía “salud” y vendía
todavía más enfermedad.
Una vez que el fraude se desenmascaró no hubo defensa que la protegiera
de la desaparición. Así, durante todos estos años en los que me
he enfrentado con la industria farmacéutica y los he acusado públicamente
de ser fraudulentos y de arriesgar la vida de millones de personas,
nunca se han atrevido a contraatacar abiertamente. Ni tampoco
a cuestionar abiertamente mis descubrimientos científicos.
Sin embargo, lo que sí ha ocurrido han sido intentos de desacreditarme
como persona por parte de algunos creadores de opinión médicos
y medios farmadependientes. Pero este es el sino de cualquiera
que se atreva a hacer frente a aquello que no está bien. Espero
que muchos jóvenes, generaciones futuras, puedan aprender de este
ejemplo y tengan el coraje de enfrentarse a lo que reconozcan
como incorrecto cuando llegue el momento.
En cuanto a mi seguridad personal, mucha gente me pregunta si
no temo por mi vida. Hacen referencia a la última novela de John
le Carré “The Constant Gardner” (“El jardinero
constante”) y al hecho de que el modelo de negocio de la
industria farmacéutica no respeta la vida. El
propio John le Carré escribió en el epílogo de su libro que mientras
trabajaba en su novela se dio cuenta de que “comparado con
la realidad farmacéutica, su novela se lee como una postal de
vacaciones”.
Si uno está en una posición privilegiada, como yo lo estoy, donde
se puede marcar una diferencia en la vida de millones de personas
y en la de las generaciones que están por venir, hay que tomar
la decisión correcta. Decir la verdad en alto y en todas partes
se convierte en la mejor protección frente a esos grupos que se
oponen a uno. La serie de Cartas Abiertas que publiqué en nombre
de nuestra fundación en varios países fue sólo un paso más en
este proceso.
¿Cuáles eran los propósitos de su campaña mundial de información
“Sí a la salud y no a la guerra”?
Desde el comienzo mismo de la crisis internacional actual, los
habitantes del mundo sospechaban de la llamada “Guerra contra
el terrorismo” propagada por la administración Bush. En
todas las manifestaciones contra esta guerra en cualquier parte
del mundo, había posters que revelaban uno de los verdaderos motivos
de esta guerra: el petróleo.
Si tu único propósito es el petróleo,
no necesitas crear una histeria masiva mundial, no necesitas convertir
a la sociedad estadounidense en un estado paramilitar y no necesitas
construir una oficina completamente estilo “Gran Hermano”
con 67.000 personas espiando a tus propios ciudadanos, todo esto
bajo la excusa de la “seguridad de la patria”. Esto
sólo tiene sentido si le tienes miedo a algo en tu propio país
y toda la población es una amenaza potencial para tus beneficios
económicos y para tu mandato político.
Como expliqué repetidamente en mis Cartas Abiertas, el principal
beneficiario de la crisis actual, de la guerra contra Irak y de
una tercera guerra mundial potencial, es la industria farmacéutica.
Enfrentada a juicios debilitantes en todo el mundo en agosto de
2001, la industria farmacéutica no sólo era la mayor beneficiaria
de los trágicos eventos del 11 de septiembre. En un intento por
hacer un último esfuerzo para estabilizar el embalse de credibilidad
que ahora se rompía de su fraudulento negocio, los grupos de inversión
detrás de esta industria se enfrentaron a la desaparición de sus
inversiones al completo.
Hay que comprender que si eres capaz de crear la mayor industria
de inversión en el planeta tierra basada en un modelo fraudulento,
y este fraude se revela, no hay sector de la sociedad que no quede
afectado. Esta es exactamente la situación a la que se enfrenta
en la actualidad el grupo Rockefeller. Esta es la razón por la
cual colocaron a Donald Rumsfeld, antiguo ejecutivo de compañías
multinacionales farmacéuticas, en el cargo de Ministro de Guerra
para que esencialmente estableciese dónde y por cuánto tiempo
caerían las bombas. A esto se debe que la industria farmacéutica haya sido el
único mayor donante en la campaña para la presidencia de George
Bush, incluidas las elecciones del Senado en noviembre de 2002
reguladas por una clara situación de guerra.
No le quepa duda que estos grupos de interés, que se enfrentan
a su propia desaparición, están preparados para arrastrar a toda
la humanidad con ellos. Una situación así, sucedida hace 500 años,
desencadenó la transición de la Edad Media a la Edad Moderna en
Europa. Enfrentados a su propia desaparición, los dirigentes de
esa época comenzaron una guerra contra su propia gente. En la
“Guerra de los 30 Años” (1618 – 1648) un tercio
de Europa quedó destruida y se sacrificaron decenas de millones
de vidas.
¿Puede profundizar en este paralelismo histórico que acabó con
la Edad Media?
Hace 400 años, millones de personas
de Europa aprendieron a leer y a escribir a través de la imprenta
y de la traducción de los primeros libros del latín a las lenguas
habladas. Esta “liberación del analfabetismo” acabó
con la Edad Media en Europa y desencadenó lo que hoy conocemos
como la Edad Moderna. Ninguna fuerza, ni guerra, ni dictadura
pudo impedir que millones de personas de esa época renunciasen
a su derecho a leer, a escribir, a adquirir conocimientos y a
una vida digna.
De la misma forma, hoy ninguna guerra, ningún abandono de los
derechos civiles, ningún estado “Gran Hermano”, será
capaz de detener la liberación de la humanidad del yugo del cártel
farmacéutico. Demasiadas personas han muerto ya en vano, demasiadas
economías se han visto arruinadas por estos intereses empresariales,
y ahora los habitantes del mundo entienden porqué está pasando
todo esto y continuarán luchando por su derecho a la salud natural.
Nuestra campaña “Sí a la salud y no a la guerra” muestra
el interés de la industria farmacéutica en la actual guerra y
en la siguiente “guerra mundial” que ya ha sido anunciada
por el antiguo director de la CIA James Woolsey. También es una
llamada a la acción, para impedir que esto ocurra. Cualquier persona,
en cualquier parte del mundo puede aprovechar inmediatamente los
grandes descubrimientos en el campo de la salud natural. Cada
casa, cada consulta médica, cada hospital y cada sistema de sanidad
que aproveche los enfoques de la salud natural privará a los grupos
de interés farmacéuticos del dinero que necesitan para financiar
la siguiente guerra. A esto se debe que las dos áreas estén tan
unidas.
Los habitantes del mundo comienzan a darse cuenta del hecho de
que los grupos de interés que continúan permitiendo que las enfermedades
maten a millones de personas en pos de ganancias económicas, son
los mismos grupos de interés que ahora arrastran a la humanidad
a una tercera guerra mundial. Y los habitantes del mundo comienzan
a darse cuenta que este sector de la salud es el sector más estratégico
para cambiar el destino de nuestro planeta hacia un mundo más
sano y también más pacífico. La ecuación es sencilla. Hay un puñado
de inversionistas que quieren seguir beneficiándose de las enfermedades
y de la guerra, y están los intereses de más de 6 billones de
personas en un mundo sin enfermedades y sin guerras. El resultado
de esta batalla es seguro. Nosotros, las personas, ganaremos,
pero necesitamos que más y más personas se unan.
¿Quién financió su campaña “Sí a la salud y no a la guerra”?
Esta campaña fue posible gracias a las contribuciones de personas
a las que las terapias naturales de salud ya han ayudado. Nuestro
instituto de investigación proporciona conocimientos y programas
de salud natural que permiten que la gente con problemas de corazón,
insuficiencia cardíaca, hipertensión, problemas circulatorios
por diabetes, cáncer, osteoporosis, y muchas otras enfermedades,
se beneficie de los descubrimientos de la salud natural en el
campo de la investigación de vitaminas y de la medicina celular.
Cientos de miles de personas y pacientes de 5 continentes ya están
aprovechando estos descubrimientos. En muchos casos, los beneficios
para la salud van más allá de todo lo que han experimentado con
medicamentos farmacéuticos.
Por consiguiente, no sólo disfrutan de los beneficios de estos
enfoques de la salud natural, sino que también quieren que estos
conocimientos se propaguen por todo el mundo para que así puedan
ayudar a otras personas que aún no conocen estos descubrimientos.
Así, el apoyo para esta campaña viene de gente que en la mayoría
de los casos ha experimentado los beneficios de algo en lo que
creen y por lo que luchan en su propia vida y en sus propios cuerpos.
De otro modo, esta campaña mundial no habría sido posible.
¿Cuáles son algunos de los logros más significativos de su campaña
“Sí a la salud y no a la guerra”?
Al mostrar a la industria farmacéutica como la instigadora y primera
beneficiaria empresarial de la crisis internacional actual y de
la guerra, hicimos una gran contribución al demostrar que esta
guerra carecía de legitimidad y de autorización por parte de la
comunidad internacional. Aquellos que la llevaron a cabo, ahora
pueden ser considerados los responsables frente a tribunales internacionales
para el resto de sus vidas, una vez que los habitantes del mundo
se unan bajo esta denuncia.
La publicación de mis Cartas Abiertas en el “New York Times”
fue una elección deliberada. El “New York Times” se
publica en la ciudad sede de las Naciones Unidas. Prácticamente
nunca en toda su historia se habían reunido tantos políticos,
jefes de estado y representantes gubernamentales en la sede de
las Naciones Unidas como en febrero y marzo de este año Así, la
información contenida en mis Cartas Abiertas y la exposición de
la industria farmacéutica como la primera beneficiaria empresarial
de esta guerra, llegó prácticamente a todos los países del mundo.
Es más, muchos periódicos, especialmente de los países pequeños
con un lugar en el Consejo de Seguridad de la ONU como Chile,
Pakistán, Camerún, etc. pero también Turquía, publicaron mis Cartas
Abiertas en sus países. El hecho de que millones de personas de
estos pequeños países fuesen alertadas e informadas sobre el trasfondo
empresarial de esta guerra, fue un factor significativo para entender
porqué sus gobiernos resistieron la
tremenda presión política y los sobornos económicos de las administraciones
de los Estados Unidos y de Gran Bretaña.
Estos dos países son las dos naciones
que más productos farmacéuticos exportan del mundo. El
dinero ganado por la venta en cualquier parte del mundo de dos
o tres pastillas vuelve a estos países. Y es precisamente este
dinero el que trae a políticos corruptos y dependientes a la Casa
Blanca y a Downing Street, y es este dinero el que ahora se usa
para financiar la guerra en Oriente Medio y la ya anunciada “guerra
mundial”.
El Segundo propósito que logramos fue que esta Guerra contra Irak
no se convirtiese en un holocausto nuclear o bioquímico. Mediante
el desenmascaramiento de los intereses detrás de esta guerra,
también se expuso el hecho de que una guerra con armas de destrucción
masiva automáticamente serviría de objetivo estratégico de la
industria farmacéutica para establecer leyes marciales mundiales
y para el abandono de los derechos civiles en el mundo para así
afianzar su monopolio.
La supervivencia de la industria farmacéutica
era, es y continua siendo dependiente de una guerra asociada con
armas de destrucción masiva en el campo de batalla o a través
de algunos ataques perpetrados en casa y lo más pronto posible.
También es un hecho histórico que cada día, cada semana en que
esto no ocurre, a la industria farmacéutica se le niega la posibilidad
de imponer leyes ahogantes mundiales y que así afiance su monopolio
mundial en el “mercado de las enfermedades”. Al exponer
estos planes abiertamente y en todo el mundo, hemos impedido,
hasta ahora, a los círculos de inversión farmacéuticos que alcancen
sus propósitos.
Como comentario aparte, la publicación de estas Cartas Abiertas
se leen como si fueran una novela de espías o un episodio del
inspector Colombo. Cuando el oficial de policía no está seguro
del crimen de un sospechoso potencial, enfrenta al sospechoso
con pruebas para ver su reacción. Este también fue mi propósito
cuando publiqué estas Cartas Abiertas. Si estaba en lo cierto,
y sabía que lo estaba, entonces los “criminales” tendrían
que actuar.
Y vaya reacción la suya. Tan sólo 24 horas (1 día) después de
que la industria farmacéutica fuese expuesta como la mayor beneficiaria
empresarial de la tragedia del 11 de septiembre y de la actual
guerra, se presentó al supuesto “cerebro” del 11 de
septiembre a un atónito público mundial. Después de que los ejércitos
de varios países persiguiesen a los supuestos cerebros detrás
del 11 de septiembre a través de las montañas Hindukush durante
un año y medio, de repente se encontró y se arrestó a un jeque
que estaba durmiendo tranquilamente en un piso en Pakistán.
Durante toda una semana, los mayores medios de comunicación de
Estados Unidos se alimentaron de la “caza del día”,
evidentemente una distracción organizada de los medios. Pero,
de todos modos, casi nadie fuera de los Estados Unidos se creyó
este truco de los medios. La prensa internacional ya sospechaba
cuál era el plan de fondo, incluso los medios del “aliado
de guerra”. El periódico británico “The Independent”
escribió sobre el jeque repentinamente detectado: “qué descubrimiento
tan oportuno”.
Aún más significativas fueron las reacciones del Congreso de los
Estados Unidos y de la comunidad para el cumplimiento de las leyes.
Mucha gente inteligente en América ya sospechaba de un plan de
fondo detrás del ataque del 11 de septiembre. Incrédulos,
se percataron de que se habían ignorado avisos precisos del ataque
por parte del FBI, que los superiores del FBI habían silenciado
a los que querían avisar de este ataque. Aún más sospechoso es
el hecho que durante más de un año, se negase a los familiares
de las víctimas fallecidas en el World Trade Center una investigación
oficial sobre el origen de esta tragedia. La autoridad
que bloqueó esta investigación no es ninguna otra que la Casa
Blanca y el propio presidente Bush. Los familiares de las víctimas
no querían otra cosa que la verdad. Si este ataque hubiese sido
realmente obra de “terroristas”, sería del interés
de cualquier gobierno investigar la verdad inmediatamente y con
todos los recursos disponibles, no sólo en interés de los familiares,
sino también del gran público. Se preguntaron a si mismos, ¿qué
tiene que esconder la administración Bush, que bloquea una investigación
oficial?
Por supuesto estas sospechas fueron alimentadas por mis Cartas
Abiertas que informaban a los atónitos miembros del Congreso de
los Estados Unidos, a la comunidad para el cumplimiento de las
leyes y al gran público, que hace 70 años ya había ocurrido una
situación similar. El 28 de febrero de 1933, se prendió fuego
al Parlamento alemán. También se aprovechó inmediatamente este
suceso para abolir todos los derechos civiles y para emitir leyes
de otorgamiento de poder (Ley de seguridad de la patria) que se
convirtieron en la base legal para una dictadura empresarial y
política y para la Segunda Guerra Mundial.
Hoy es un hecho político que este ataque al Parlamento alemán
(“Reichstag”) fue cuidadosamente planeado de antemano
por esos grupos de interés que lo utilizaron para preparar a la
sociedad alemana para su guerra de conquistas, la Segunda Guerra
Mundial. También es un hecho que la ley de autorización que eliminó
la mayoría de los derechos civiles se preparó de antemano. Ahora,
70 años más tarde, la comunidad política y los americanos se han
dado cuenta de que se les ha vendado los ojos de igual forma.
Y aquellos que han desarrollado este plan ni siquiera se han molestado
en cambiar las palabras. Hace 70 años el trabajo preliminar para
abolir los derechos civiles se llamó “Gesetz zum Schutz
von Heim und Reich”. Aquellos que se aprovechan de la tragedia
del 11 de septiembre lo llaman, en sorprendente analogía, “Ley
de Seguridad de la Patria”. ¿Realmente estos “legisladores”
creían que el mundo no sería capaz de mirar atrás 70 años y ver
lo que hay detrás de esta estratagema?
Hubo gritos de protesta entre los miembros del Congreso, la comunidad
para el cumplimiento de las leyes y la comunidad política. Sólo
habían apoyado a la administración Bush en la creencia de una
“guerra contra el terrorismo”. Ahora se enteraban
de un plan de fondo por parte de aquellos que en la actualidad
dirigían la Casa Blanca. Es más, los políticos de Estados Unidos
y la comunidad para el cumplimiento de las leyes sabían que los
americanos, sus votantes, también leerían el New York Times y
les harían preguntas que tal vez no podrían contestar.
Los teléfonos no pararon en la Casa Blanca ni en el Departamento
de Justicia de Estados Unidos. Políticos y legisladores asustados
dejaban claro que no serían parte de ningún “golpe”
de este tipo en nombre del grupo Rockefeller y de sus marionetas
políticas en la Casa Blanca.
La reacción fue rápida. Cuatro días
más tarde el Ministro de Justicia de Estados Unidos, John Ashcroft,
en una jugada sorpresa, tuvo que revelar a la prensa la llamada
Ley patriota nº 2. Se informó al sorprendido público americano
que las leyes existentes contra el terrorismo supuestamente eran
insuficientes y necesitaban enmiendas. El núcleo de estas enmiendas
era nada menos que la inmunidad general para toda la comunidad
encargada del cumplimiento de la ley en Estados Unidos y que ejecutaban
las órdenes de la administración Bush.
Así, a golpe de bolígrafo, Bush, Ashcroft y demás marionetas políticas
del cártel, intentaron proporcionar inmunidad a todo aquél que
apoyase sus actos sin escrúpulos y sus crímenes de guerra. Si
quedaba alguna duda sobre el verdadero fondo del 11 de septiembre
y el verdadero propósito de la crisis actual internacional, estas
reacciones de la administración Bush, hasta la información contenida
en mis Cartas Abiertas debería abrir los ojos de toda persona
inteligente en cualquier parte del mundo.
¿Ha obtenido alguna reacción de la gente que vive en Estados Unidos
o en Nueva York?
Hemos obtenido reacciones de todas partes del mundo. De las principales
universidades, de organizaciones gubernamentales, médicos, y por
supuesto, de muchos pacientes y de gente normal en general. La
reacción más común es de gratitud por haberles abierto los ojos
a la vinculación existente entre la batalla por la supervivencia
de la industria farmacéutica y la crisis internacional actual.
Muchos pedían más información sobre el campo de las alternativas
de la salud natural o información sobre las circunstancias del
negocio farmacéutico de las enfermedades.
Especialmente dignas de mención son las reacciones desde Estados
Unidos donde mucha gente se dio cuenta de que su propio gobierno
ya no representaba los intereses de la mayoría de la gente, sino
principalmente los de un pequeño grupo de empresarios alrededor
de los intereses petroquímicos y farmacéuticos de Rockefeller.
Si vives en Estados Unidos, y siempre sospechaste que había algo
equivocado en la historia oficial del 11 de septiembre, agradeces
cuando finalmente alguien te explica porqué tu propio gobierno
bloquea una investigación independiente oficial.
Pienso que ya es hora de que no sólo la gente de Nueva York, sino
también la gente del resto del mundo sepa la verdad sobre las
circunstancias de la tragedia del 11 de septiembre. Sobre todo
porque desde que sucedió, se ha intentado utilizarla para intentar
repetir esa maniobra en todo el mundo mediante la coacción de
la gente a una cruzada contra terroristas imaginarios.
La gente me pregunta, ¿realmente piensas que Bush y su círculo
habrían arriesgado deliberadamente 3.000 vidas el 11 de septiembre?
Mi respuesta es simple: esta es más o menos la misma cantidad
de gente que muere cada 10 días (!) debido a los conocidos efectos
secundarios mortales de los medicamentos farmacéuticos.
Dado que la Casa Blanca, por un lado, bloquea una investigación
de este tipo, mientras que por otro lado, constantemente se aprovecha
de este suceso para comenzar una guerra mundial, esta situación
ya no es más un tema nacional de los Estados Unidos. Es tarea
de las Naciones Unidas exigir e iniciar una investigación independiente
de esta tragedia. Esta es una exigencia legítima ya que la ciudad
de Nueva York no es sólo la sede de las Naciones Unidas, sino
que también toda discusión y debate en este foro mundial se ha
visto eclipsado por esta tragedia durante un año y medio. Es hora
de que la gente y los gobiernos del mundo se levanten y remuevan
sus preguntas sobre las circunstancias del 11 de septiembre. Y
será mejor que el gobierno de los Estados Unidos coopere con esta
investigación internacional, de otra forma su credibilidad habrá
desaparecido.