Basado en un artículo de la periodista
científica Sylvie Simon de Parents
La vacunación de recién nacidos y adolescentes contra
la Hepatitis B es una agresión a los niños,
aparte de ser una agresión al Derecho a la Información.
Sus efectos adversos sólo empezamos a entreverlos a corto plazo:
enfermedades autoinmunes, problemas neurológicos como esclerosis
en placas y desmielinizaciones inespecíficas.
Si las madres y las personas no tienen la contra información
de los efectos secundarios difícilmente estarán en condiciones
de decidir aceptar u oponerse a ella.
Si los médicos no tienen información sobre la pertinencia
y los efectos secundarios de las vacunas no podrán decidir si
administrarla o no.
La vacunación contra la hepatitis B es sólo un ejemplo,
de cómo procede la industria médica, promocionando sus
productos y censurando con eficacia las informaciones científicas
disidentes como lo hace en otros muchos temas más graves con
el SIDA o la influencia en la salud de las bajas dosis de radiactividad.
HEPATITIS B
Es el único virus de hepatitis con ADN. La multiplicación
del virus se hace en las células del hígado bajo el control
de hormonas esteroideas, lo que podría explicar por que los hombres
corren más riesgos que las mujeres de ser infectados de forma
crónica por el virus.
El virus es abundante en el hígado, también se ha observado
que el virus de la hepatitis B está presente en otros tejidos
humanos como el riñón, bazo, páncreas, piel, médula
ósea y las células sanguíneas. La infección
de ciertos glóbulos blancos favorecería otras enfermedades
como la anemia aplásica y poliartritis medular o también
el SIDA y las enfermedades asociadas.
La forma de transmisión de la enfermedad es sobre todo por la
sangre y por vía sexual. Según los datos de Red “Sentinelles”
(red de médicos repartidos a través de Francia que observa
las enfermedades transmisibles), la forma de transmisión más
frecuente es de origen sexual, 50% de los casos analizados en la red
en 1994. El mismo estudio refería un 25 % de contaminación
en los toxicómanos. Es indudable que la actividad sexual más
incriminada al respecto es la relación anal, lo que requeriría
alguna lesión cutánea genital. Finalmente están
las contaminaciones de origen médico: transfusiones, diálisis,
inyecciones, pinchazos y tatuajes.
La transmisión por placenta a su bebé en la mujer embarazada
es de baja incidencia y no produce malformaciones. Si la infección
se produce después del 6º mes de embarazo puede transmitirse
al recién nacido en el momento del parto, que es la forma habitual
de transmisión.
Se puede encontrar el virus en todas las secreciones (saliva, leche,
excretas), pero a concentraciones insuficientes para poder ser contagiantes.
Los grupos de riesgo están constituidos por los toxicómanos,
los homosexuales y aquellos que tienen numerosas parejas sexuales, al
personal sanitario en contacto directo con los portadores crónicos
o la sangre contaminada, así como aquellos que viajan a los países
que tienen una fuerte endemia (África y Asia tropical).
El riesgo real de complicación grave de la hepatitis B es ridículamente
pequeño. Como toda enfermedad viral, más del 95% de los
casos evoluciona espontáneamente hacia la curación, El
Quotidien du médecin Nº 5785 de 1996, señala que
más del 95% de los sujetos se desembarazan naturalmente del virus
y quedan después inmunizados.
Tras una incubación de 2 a 6 meses, la infección se manifiesta
mediante una hepatitis aguda. El riesgo es de 8 veces más elevado
en el hombre que en la mujer. Panorama du médecin Nº 4131
de 1995, declaraba: “La hepatitis aguda por regla general es una
infección benigna para la que no está indicado (e incluso
contraindicado) una medicación cualquiera que sea”.
La complicación más grave es la hepatitis fulminante que
es mortal en un caso de cada dos. El riesgo de hepatitis fulminante
no concierne nada más que al 1% de los casos de hepatitis agudas.
Se considera que el 10% de los pacientes curados se convierten en portadores
sanos. En Francia los portadores crónicos no representan más
que el 0,2 a 0,3% de la población.
Cuando se estudian las curvas de evolución de la enfermedad,
se constata que la hepatitis B se halla en regresión constante
desde 1978. La curva de la vigilancia epidemiológica en la región
de Lyon muestra que había doce veces más casos de hepatitis
B en 1978 que en 1992, y que desde 1991 la incidencia de la enfermedad
era de menos de 3 por 100.000 habitantes. En 1994 se emprendieron las
grandes campañas de vacunación, es evidente que esta mejoría
no puede ser atribuida a las vacunaciones. La aceleración del
descenso de casos constatados hacia 1986 corresponde a medidas tomadas
para evitar las transmisiones por jeringuillas en los drogadictos y
la detención de la contaminación sanguínea en los
transfundidos.
VACUNAS CONTRA HEPATITIS B
Actualmente se encuentran en el mercado mundial vacunas anti hepatitis
B preparadas mediante ingeniería genética. Fabricada por
los laboratorios Smith Kline Beecham, Engerix B, puesta a punto en 1981,
a partir de células de levadura de cerveza “saccharomyces
cerevisiae”, a la que se había modificado su patrimonio
genético, produciendo el antígeno Hbs (de superficie).
Esta vacuna no encierra más que la proteína de la envoltura
Hbs del virus. El conservante utilizado es el tiomersal (tiosalicilato
de etil mercurio) y los adyudantes de inmunidad son el hidróxido
de aluminio y sales de sodio. Consultando el Vidal (vademecum de especialidades
francés), descubrimos con estupefacción que cada dosis
de vacuna de la hepatitis B (Engérix o Genhévac) no contiene
menos de 1.250 microgramos de hidróxido de aluminio, mientras
que la dosis oficial no tóxica es de 15 microgramos por litro
de sangre. Los laboratorios Smith Kline-Beecham acaban de sacar una
vacuna pediátrica Engerix BIO para niños de hasta 15 años
que “puede ser utilizada con la BCG y asociada a la vacuna DTP-Haemophilus
b-Hepatitis A”.
La vacuna Genhévac B, producida por Pasteur-Mérieux, está
preparada a partir del antígeno Hbs cultivado sobre células
de hámsters chinos en las cuales se ha introducido el gen vírico.
Esta vacuna que también contiene hidróxido de aluminio,
está enriquecida por proteínas secundarias, sacadas de
la envoltura de superficie. Su patente de fabricación, que se
puede consultar en el Instituto Nacional de la Protección Industrial,
indica que contiene también un plasmido recombinante que encierra
una parte del genoma del virus SV 40 (reconocido cancerígeno)
y que podría encontrarse en las impurezas de la vacuna (su pureza
es del 95%). Su conservante es formol (formaldehído). Pasteur-Mérieux
acaba de sacar por su parte una vacuna a partir de levaduras producidas
por ingeniería genética, bajo la marca HB-VAX DNA.
Las vacunas contra la hepatitis B, como todas las vacunas obtenidas
por manipulaciones genéticas de células cultivadas en
laboratorios, presentan, en efecto, peligros reales, pues parecen contener
sustancias cancerígenas ya que están cultivadas sobre
células que se han hecho artificialmente “inmortales”,
es decir, que se han cancerinizado artificialmente, y que por lo tanto
son susceptibles de desencadenar modificaciones del mensaje genético
en el individuo vacunado. Estas vacunas corren el riesgo también
de engendrar enfermedades genéticas en el paciente o anomalías
en sus hijos o nietos. Podrían también modificar algunos
virus silenciosos y hacerlos virulentos. Además, no hay que perder
de vista que estas células están nutridas con suero de
buey, cuyo uso está prohibido por la legislación que concierne
a los medicamentos inyectables, en razón del riesgo de contaminación
por priones particularmente peligrosos.
Por otra parte, no se podrá medir la eventual eficacia de estas
vacunas, así como su nocividad, hasta dentro de 15 o 20 años,
según sus promotores, ¡lo que convierte a toda persona
inoculada en un cobaya!
Michel Georget, agregado de biología, profesor honorario de las
clases preparatorias en las grandes escuelas de biología veterinaria,
pregunta: “¿Habrá que esperar varios decenios para
descubrir que estas nuevas vacunas son todavía más peligrosas
que las antiguas, como fueron precisos 45 años para averiguar
que varios centenares de miles de soldados norteamericanos habían
sido contaminados durante la guerra del 39— 45 por el virus de
la hepatitis B, entonces desconocido, contenido en la vacuna contra
la fiebre amarilla que habían recibido?”.
Se puede añadir que también hicieron falta 50 años
para que se supiese que las vacunas DPT (difteria, pertusis, tétanos)
no eran eficaces y que, sobre todo, no eran inofensivas.
Según el informe técnico 747 de la OMS. tres tipos de
contaminantes pueden encontrarse en el producto final: primero virus,
después proteínas capaces de cancerinizar otras células
y sobre todo ADN provenientes de células de cultivo, con el riesgo
de malignidad que podría representar a largo plazo un ADN contaminante
heterogéneo, en particular, si contiene secuencias codificadoras
o reguladoras, potencialmente oncogenes.
El Dr. Bégué, del Hospital Trousseau de París,
es uno de los principales responsables de la promoción de esta
vacuna y reconoce que habrá que esperar de 15 a 20 años
para medir los beneficios de la vacuna. Los Dres. Scohy y Vercout responden
al respecto: “Desgraciadamente habrá que esperar menos
tiempo para apreciar las consecuencias funestas de esta vacuna sobre
una población ya polivacunada y a veces incluso polimedicada,
sin hablar del terreno particular de las hemodiálisis y, todavía
más, de los drogadictos ya deficientes en el plano inmunitario”.
¿Hay que creer que Bernard Kouchner (Secretario de Salud francés)
ignora que los laboratorios son ante todo comerciantes? La vacuna anti
hepatitis B representaría 1/3 de la cifra de negocios de Mérieux.
¿Se ha visto alguna vez a algún comerciante denigrar los
productos que vende? Y cuando habla de los mejores expertos que existen
sobre cada tema, ¿conoce el juicio del profesor Jen-Paul Escande
sobre estos famosos expertos?, juicio que nadie hasta ahora ha osado
contestar:
“Actualmente, es uno de los fenómenos más preocupantes:
los expertos no son fiables; bien porque son nulos, bien porque mienten.
Cuando son nulos, es porque se les ha escogido como expertos y nunca
han tenido el coraje de decir: es un tema del que no conozco nada, no
me preguntéis. Actualmente, en la inmensa mayoría de los
casos, los expertos son expertos serviles”. Cf. J.-P. Escande,
“Science Frontiére”, Junio 1996. El Dr. Sturer desarrolla
después el riesgo de exponer la vida de millones de jóvenes
franceses por una opinión científica de moda. “¿Qué
valen los argumentos epidemiológicos justificando la campaña
cuando se sabe que la hepatitis B amenaza solamente a grupos de riesgo
y que la vacunación generalizada expone a sujetos cuyo riesgo
es nulo?”
Para resumir su estudio, el Dr. Donatini estima que el riesgo de hepatitis
grave en un sujeto francés normal es del orden de 1 cada 50 millones,
mientras que el riesgo de accidente grave tras la vacunación
es al menos de 300 por cada 50 millones. Así el riesgo es por
lo menos 300 veces superior al beneficio. (Dr. Bruno Donatini, “L’Intox,
quelques vérités sur vos médicaments”, éditions
MIF, 1997).
¿Quién ha mandado el comunicado de prensa de la reunión
del 12 de Diciembre de 1996 a los médicos franceses? Los laboratorios
Pasteur-Mérieux y, un poco más tarde, los laboratorios
Smithkline Beecham. ¿Le corresponde a un industrial informarnos
de las conclusiones de un organismo público?”. En EE.UU.,
el banco de datos de los efectos secundarios de la vacuna, recogidos
por el NVIC (Centro Nacional de Información sobre la Vacunación),
señala 1.080 casos de efectos secundarios entre los cuales hay
47 muertes en la franja de edad de O a 1 años solamente para
el año 1996, y estos casos están considerablemente son
denunciados por debajo de la incidencia real.
“The Lancet” (vol. 344, 1994) denuncia: “La vacunación
contra la hepatitis B ha sido asociada a una exacerbación o incluso
a un desencadenamiento de las enfermedades autoinmunes tales como esclerosis
múltiples o síndromes de Guillain-Barré”.
El Dr. Laurent Hervieux resume claramente este fenómeno en el
número especial de L’Impatient de Mayo 1997, consagrado
a las hepatitis: “La vacuna contra la hepatitis está compuesta
de un antígeno HBs cuya estructura es parcialmente común
con la mielina que rodea los nervios. Los anticuerpos fabricados por
el organismo llegan a confundir a los dos y a atacar la mielina y de
ahí las complicaciones neurológicas registradas con esta
vacuna”. El Dr. Hervieux explica que el riesgo se ve acrecentado
a causa del descenso de nuestras defensas inmunitarias: “Porque
son permanentemente solicitadas artificialmente por múltiples
vacunas. El exceso de anticuerpos a producir agota nuestro sistema de
defensa. Los linfocitos TH2 favorecen la producción de anticuerpos.
Cuando esta producción es estimulada a ultranza, inhibe la función
de los linfocitos THI, que permiten especialmente la respuesta antivírica”.
En 1988, se procedió en Nueva Zelanda, a una campaña de
vacunación masiva. El 70% de los jóvenes de menos de 16
años recibieron esta vacuna. En el curso de los 3 años
siguientes, se pudo constatar un aumento del 60% de la diabetes insulina
dependiente.
Mirko Beljanski (antiguo director de investigaciones del CNRS), declaró
ya hace tiempo que la vacuna contra la hepatitis B de ingeniería
genética contiene de 10 a 15 veces más actividad peligrosa
que las vacunas convencionales, en razón de la presencia de una
enzima con poderes mutágenos, la TdT, susceptible de introducir
en el ADN de las células receptoras secuencias de nucleótidos
no deseables y capaces de modificar los genes. Como vemos en la publicación
“Deoxynucleodidyl Transferase, Activities in Purified Hepatitis
- B Antigen, in Med. Sci.” Res., 15, 1987.
Al respecto, Mirko Beljanski había escrito al profesor Sicard,
el 29 de Abril de 1996, una carta que se terminaba así: “A
fin de establecer la realidad de los hechos, propongo al Sr. Sicard
que juntos acordemos un lugar donde él pueda, en presencia de
varias personas, verificar si la vacuna de la hepatitis B contiene o
no la TdT. Solamente los hechos científicos serán determinantes.
Si se niega a esta invitación, dará prueba de que prefiere
la mentira a la verdad”. El Dr. Sicard no se dignó a responder.
Que el lector juzgue.
En Junio de 1997, el periódico “L’Impatient”
ya había censado tres decesos sospechosos. A finales de 1991,
una auxiliar de Nantes moría de una hepatitis fulminante consecutiva
a la vacuna. En el mes de diciembre de 1996, el periódico publicaba
el testimonio de un medico general cuya mujer había muerto hacía
10 años, tres años después de una vacuna contra
la hepatitis B, que fue inmediatamente seguida de una gran fatiga general
hasta que se descubrió un cáncer. Una lectora del periódico
señalaba por su parte que su marido había muerto de un
linfoma folicular, diagnosticado en 1995 pero considerado como estable
y que no necesitaba tratamiento. Después de la vacunación,
el linfoma había evolucionado de forma rápida y fatal.
La asociación REVAHB tiene en sus dossier una quincena de decesos
entre los cuales se encuentra el de una niña de 16 años
muerta de una leucemia tras un púrpura trombocitopénica
post-vacunal, así como el de un niño de 3 años
y medio también muerto de un púrpura post-vacunal.
UNA PROPAGANDA ESCANDALOSA
Desde hace tiempo, animados por nuestros políticos, los representantes
de los lobbies farmacéuticos se han introducido en el seno de
los establecimientos escolares, para imponer, mediante el miedo, un
nuevo orden moral: la obediencia al dogma vacunal. Penetran en las escuelas
después de los cursos con un fin publicitario inadmisible. Los
profesores se convierten en servidores de esta ideología y son
de alguna forma obligados a profesar el dogma de los beneficios de las
vacunaciones cuyos peligros ignoran.
Podemos preguntarnos ¿por qué los poderes públicos
estimularon una empresa tan onerosa y sobre todo tan inútil?
La respuesta fue aportada por la divulgación de algunas consignas
que figuran en una nota interna del laboratorio Pasteur - Mérieux:
“Sobre el mercado de la vacunación, los adolescentes son
un segmento muy interesante... Hay que dramatizar... Atemorizar con
la enfermedad”.
Esta confesión es primordial y debía provocar por sí
misma una puesta en cuestión de la vacuna pero no hay que perder
de vista que si esta operación fue un éxito perfecto para
el laboratorio que se embolsó dos mil millones de francos, fue
por el contrario un golpe desgraciado para la Seguridad Social.
También podemos ver estas palabras extraídas de un folleto
de propaganda editada por el mismo laboratorio Pasteur-Mérieux:
“la saliva es un importante vector de la contaminación”.
Este es un miserable engaño pues nunca se ha reportado un solo
caso de contaminación transmitido por la saliva.
“En Francia, tuvimos la suerte de encontrar a Philippe Douste-Blazy,
un ministro de Salud dinámico (...). En 1994, saldamos la vacunación
en el medio escolar”.
Este curioso personaje, responsable de las relaciones públicas
del laboratorio, reconocía haber “saldado” la vacunación
como se hace con un lote en una feria o en un mercado financiero. Durante
su exposición, Alain Aufrere lamentaba que Alemania, Gran Bretaña
y Bélgica no hubiesen seguido el ejemplo de Francia. Felices
países que saben no sumirse en una locura colectiva aunque ello
desagrade a los accionistas de este laboratorio. En “L’Express”
del 23 de Abril de 1988, el profesor Alain Fisch, del hospital Villeneuve-Saint-Georges
confirma: “Se ha llevado una campaña agresiva. Se ha violado
la consciencia de la gente. Incluso las abuelas de 80 años venían
a reclamar su vacuna”.
Michel Georget comenta la aplicación a gran escala de la vacuna
Genhévac B:
“Cuando se sabe que la inmunidad proporcionada por la vacuna es
de corta duración y que la hepatitis B se transmite esencialmente
por relaciones sexuales y la toxicomanía intravenosa, nos imaginamos
el “beneficio” que los niños van a sacar de semejante
operación. (...) las vacunaciones de masas se hacen en un contexto
de incertidumbre: con procedimientos de fabricación que no pueden
garantizar productos totalmente puros, individuos diferentes cuyas capacidades
de defensa nunca son testadas antes ni verificadas después de
la vacunación. En esas condiciones, ¿no es urgente reflexionar
sobre las consecuencias a largo plazo de las vacunaciones?”
Fuertes presiones existen actualmente en Francia para hacer obligatoria
la vacunación en los adolescentes, a pesar de una regresión
muy neta de la enfermedad, como lo constata la “Revue du Praticien”
(tomo 8 — Nº 258 - 1994).
LA ESCLEROSIS EN PLACAS
En 1995, unos treinta casos de esclerosis en placas post-vacunales ya
eran tratados en el servicio de neurología del hospital de La
Salpétriére en París, como nos señaló
el periódico “La Recherche” de Abril de 1995. Un
año más tarde había cincuenta y, en Mayo de 1997,
se reconocían sesenta y nueve. Sin embargo, no hay duda de que
estos casos son mucho más numerosos actualmente a través
de toda Francia, pues la esclerosis en placas es una enfermedad evolutiva
y pueden pasar meses entre el comienzo de la enfermedad y su declaración.
El profesor Olivier Gout, declaró prudentemente al periódico
VSD del 14 de noviembre de 1996:
“Efectivamente, tratábamos a estos enfermos y hay investigaciones
en curso sobre la responsabilidad de la vacuna. Es demasiado pronto
para hacer conclusiones pero parece que hay algo”. Es evidente
que si no hubiera habido nada, este médico se hubiera apresurado
a declararlo.
El periódico “VSD” concluye: “Una prudencia
bien comprensible: no se quiere sembrar el pánico entre los 13
millones de franceses vacunados’’.
Estábamos entonces en 1996, actualmente son más de 25
millones.
“VSD” prosigue su encuesta: “En el país de
Pasteur, no es bueno hablar de las enfermedades que pueden provocar
las vacunas. (...) Hemos reencontrado el proceso verbal de una comisión
de encuesta confidencial llevada por la Agencia del Medicamento, la
más alta autoridad francesa de supervisión en salud pública.
(...) El asunto es suficientemente serio como para que la agencia haya
enviado en noviembre de 1995, una circular de advertencia a todos los
médicos para avisarles de las contraindicaciones. Los dos laboratorios
que comercializan la vacuna, Pasteur y Smith Kline Beecham, no están
muy contentos. La prestigiosa firma no ha querido responder a nuestras
preguntas sobre los peligros de la vacuna”.
El Dr. Philippe Jakubowicz que fundó la REVAHB, asociación
que agrupa actualmente aproximadamente a 1.200 víctimas de la
vacunación contra la hepatitis B, recibe decenas de llamadas
cotidianas para señalar efectos secundarios ligeros o graves,
aparecidos inmediatamente o algún tiempo después de la
administración de la vacuna. Declaró a “Science
et vie” de Abril de 1998 (Nº 967):
“Es la primera vez que una vacuna tiene efectos secundarios tan
variados, tan graves y tan frecuentes. Veinte millones de franceses
están vacunados y se estima que aproximadamente 1 sobre 1.000
(20.000) ha sido víctima de un accidente. Esos accidentes cubren
un abanico de unas 60 patologías entre las que se encuentra la
temible esclerosis en placas. (...) No se puede dudar de la realidad
y de la diversidad, desde el efecto secundario de la vacuna. (...) Puedo
esperar ver estallar un escándalo de la amplitud del de la sangre
contaminada”.
Pero todas las víctimas no conocen el REVAHB.
La asociación HIPÓCRATES tiene en sus dossier más
de veinte casos —cinco tumores del tronco cerebral en niños,
una sarcoídosis, una tiroiditis, varios lupus, esclerosis en
placas y espondiloartritis anquilosante y dos muertes inexplicadas en
adolescentes, en la región de Haute Vienne, que no están
incluidas por el REVAHB. Hay que saber también que 175.000 niños,
alumnos de sexto, han recibido en 1995, una dosis demasiado fuerte de
HB VAX 10, vacuna contra la hepatitis B, no comercializada en farmacia.
Muchos de ellos han caído enfermos pero este número jamás
ha sido precisado.
Según el Instituto Pasteur, sin contar las otras enfermedades
auto-inmunes ni los linfomas, el riesgo de esclerosis en placas inducidas
por la vacuna contra la hepatitis B sería de 1 por un millón
de dosis, es decir, una esclerosis en placas por 250.000 personas vacunadas,
pues reciben tres dosis, más un refuerzo.
En realidad, si retomamos las cifras admitidas para otras vacunaciones
en nuestros vecinos, el riesgo sería sin duda mucho más
elevado, puesto que el Instituto Pasteur parece siempre dar cifras muy
netamente inferiores a las de nuestros vecinos.
En 1996, el Dr. Pierre Grézard, hoy jefe de clínica en
el servicio del profesor Henri Perrot del hospital de Antiquaille de
Lyon, sostuvo su tesis doctoral titulada:
“Accidentes de la vacunación contra la hepatitis B”,
donde reportaba nuevos casos de pacientes observados desde 1994 hasta
finales de 1995 en el servicio del profesor Perrot.
El Dr. Bonnie Dumbar, profesor de biología celular en el Baylor
College de medicina de Houston que ha sido recompensado por el NIH (Instituto
Nacional de la Salud) por su trabajo pionero en el desarrollo de las
vacunas, ha declarado:
“Hace tres años, mi hermano, geólogo y agrónomo
con cuatro diplomas universitarios, vino a trabajar conmigo en el Baylor
College en un proyecto de manipulación genética de las
proteínas del trigo. Se le pidió que se vacunase contra
la hepatitis B. Al día siguiente de la inyección y durante
tres días, tuvo fiebre y sintió una gran fatiga. Entre
la segunda y la cuarta semana siguiente a la inyección desarrolló
tal serie de síntomas que quince médicos declararon que
se trataba de una reacción a la vacunación (...).
Más o menos en la misma época, una joven de 20 años,
estudiante de medicina, vino a trabajar a mi laboratorio durante el
verano. También tuvo que vacunarse contra la hepatitis B. Después
de la primera inyección, tuvo fiebre y se encontró muy
fatigada. Tres semanas después de la segunda inyección
perdió la vista de un ojo pero la recupero casi completamente
seis meses más tarde. Vaciló en recibir la tercera inyección
pero su médico le dijo que esta vacuna era muy segura y que no
tenía ningún problema. Después de la tercera inyección,
fue hospitalizada durante dos meses, gravemente enferma y perdió
definitivamente la vista de un ojo”.
LOS TRIBUNALES INTERVIENEN
Con el apoyo de sus abogados, las víctimas se han organizado
y han obtenido ya algunos resultados:
El 5 de Junio de 1998, además del caso precedente, el Tribunal
de Nanterre ha reconocido la responsabilidad de la vacuna Engerix B
en la aparición de la esclerosis en placas en personas vacunadas,
una en 1994, otra en 1995.
Ha condenado a los laboratorios SmithKline Beecham reconocidos “completamente
responsables del perjuicio” a entregar 50.000 francos y 80.000
francos a las víctimas: son sumas bien modestas considerando
el perjuicio causado por esta enfermedad y para una firma que gana miles
de millones de euros gracias a esta vacunación.
Un nuevo deceso es imputado a la vacuna: el de Nathalie, muerta a los
28 años de una crisis de epilepsia, después de cuatro
años de enfermedad desmielinizante.
Es muy interesante saber que, viendo el estado de su hija degradarse,
día a día, los padres de una joven, unos agricultores
de Oise, informaron a la prensa local y se adhirieron a la REVAHB.
Por último, en febrero de 1998, tuvieron la audacia de escribir
al secretario de Estado de la Salud que, según su buen hábito,
no se dignó a responderles.
Sin embargo, en junio, cuando su hija estaba peor, recibieron la visita
de un oficial de los servicios de información generales encargados
de encuestar sobre los adversarios de la vacunación que se pretende
pertenecen a sectas.
Lo que hace decir a Pierre Dhombre en L’Impatient de octubre de
1998:
“Aquellos que escriben a Bernard Kouchner para informar de problemas
sanitarios graves pueden preguntarse si su correo no va a ser transmitido
a la policía. Y si no van a ser sospechosos de formar parte de
una secta.”
La Agencia del Medicamento ha admitido diez casos de aplasia medular
después de la vacunación contra la hepatitis B, pero habría
muchos más según algunos médicos.
Dos niños han muerto ya de esta forma y el juez Bertella-Geoffroy
lleva sus casos.
Y tal vez es esa toma de conciencia la que ha llevado al Comité
técnico francés de las vacunaciones a colocar un bemol
a estas recomendaciones:
1. - Los refuerzos de la vacuna antihepatitis B son suprimidos. Solamente
se inyectarán tres dosis salvo en casos particulares.
2. - Concerniendo a los adultos, la vacuna antihepatitis B, solamente
será practicada a los grupos de riesgo, es decir, a personas
con contactos con pacientes y con la sangre y otros productos biológicos.
3. - Pero la vacuna no es cuestionada para los bebés y los adolescentes.
Por fin, han declarado espontáneamente que esta vacuna no es
obligatoria.
En cuanto a la OMS que critica a Francia por esta decisión que
‘‘pone así en peligro la erradicación de esta
enferme dad”, su independencia actual es muy controvertida.
Bertrand Deveaud, periodista, y a Bertrand Lemennicier, profesor agregado
de economía, quienes han hecho una encuesta a través del
mundo y han consultado numerosos informes oficiales y confidenciales
durante dos años, la OMS ya no sería nada más que
el barco borracho de la salud pública y navegaría “sin
patrón ni objetivos claros, en un océano de corrupción
y de ineficacia”.
MSD (Merck Sharpe Dhome) fabricante de vacunas y compañero industrial
de Pasteur Mérieux para la fabricación de vacunas contra
la hepatitis B, participa ampliamente en la financiación de la
OMS desde 1994.
Dinamarca, Finlandia, Suecia, Luxemburgo, Países Bajos, Irlanda
y el Reino Unido nunca han recomendado esta vacunación para los
recién nacidos o los adolescentes. Alemania, Austria y Grecia
sólo la han recomendado para los lactantes. Suiza y España
sólo la han recomendado para los adolescentes.
En EE.UU. la situación no es mejor. Si un ciudadano se niega
a la vacunación contra la hepatitis B, sus niños no pueden
entrar en las guarderías, las escuelas, las universidades e incluso
pueden negárseles el acceso al seguro de enfermedad, a numerosos
empleos y los pobres no tienen ya derecho a las ayudas acordadas a ciertas
familias.
Actualmente las medidas propuestas por el CDC (Centro de enfermedades
Transmisibles) son mucho más represivas: los padres pueden ser
encarcelados, sus bienes incautados y se les puede quitar a sus hijos,
como ya hemos denunciado precedentemente.
Entre el primero de julio de 1990 y el 31 de octubre de 1998, mientras
que en este país es notorio que menos del 10% de los médicos
señalan estos accidentes, el VAERS (Vaccine Adverse Event Reporting
System) del gobierno norteamericano censó 24.775 personas con
efectos secundarios de la vacuna contra la hepatitis B, entre los cuales
había 9.673 casos muy graves y 439 decesos de los cuales 180
fueron clasificados como muerte súbita e inexplicable del lactante.
Durante el mismo período, en el informe sobre niños menores
de 14 años que habían recibido únicamente la vacuna
anti-HB se han encontrado 2.424 casos efectos secundarios de los cuales
1.208 son muy graves y que incluyen 73 decesos, lo que sobrepasa ampliamente
los casos de hepatitis B en este sector de edad.
Estos informes dan testimonio de la muerte de varios lactantes de menos
de un mes, la mayoría de los cuales han sido clasificados dentro
de la categoría de muerte súbita del lactante. Uno de
estos casos concierne a un bebé de 15 días, nacido con
perfecta salud, que murió dos días después de la
primera inyección de la vacuna. Después de que gritó
durante toda la noche, la madre lo encontró muerto en su cuna
al día siguiente por la mañana. Se ordenó una autopsia
y se atribuyó el deceso al síndrome de la muerte súbita
del lactante. Sin embargo la autopsia de Nicolás mostró
un edema pulmonar por falla cardiaca.
El 18 de mayo de 1999, Michael Belkin, presidente de Belkin Limited,
firma de inversiones mundiales, dio testimonio ante el Congreso de EEUU:
“Mi pequeña hija Lyla Rose murió el 16 de septiembre
de 1998, a la edad de cinco semanas, 15 horas después de haber
recibido su segunda inyección de vacuna antihepatitis. B. Lyla
era un bebé lleno de salud y de vida. Nunca había estado
enferma antes de la tarde en la que recibió esta inyección.
Me chocó mucho el informe de la autopsia. El médico legal
de Nueva York decretó que se trataba del SMSI (Síndrome
de Muerte Súbita Infantil). Pero este médico no mencionó
en su informe que Lyla tenía un edema en el cerebro y que acababa
de recibir la vacuna antihepatitis B. El médico que discutió
con mi mujer, conmigo mismo y con nuestro pediatra el día de
la autopsia, confirmó entonces que el cerebro estaba efectivamente
hipertrofiado. (...) A través de múltiples discusiones
con otros patólogos experimentales, descubrí posteriormente
que un edema de cerebro es un efecto secundario clásico de la
vacunación, de cualquier vacunación, en la literatura
médica’’.
En febrero de 2008 se conoce la noticia de que denuncian la vacunación
contra la hepatitis como CRIMEN CONTRA LA HUMANIDAD. Víctimas
francesas de la vacuna contra la hepatitis B, organizadas en torno a
Action Santé Environnement (ASE), están buscando personas
de otros países que también hayan padecido o padezcan
sus efectos secundarios, con objeto de participar en una denuncia que
ha presentado esta asociación en Juzgado de Primera Instancia
de París. Pueden asociarse todos aquellos ciudadanos que lo deseen,
aunque ya hayan denunciado su caso en los tribunales de su país,
según ASE.
FINALMENTE
“El procedimiento de recomendación de las vacunas en EE.UU.
está desesperadamente comprometido por conflictos de intereses
que ligan los fabricantes de vacunas con el CDC y la Academia Americana
de Pediatría’’.
“Si la vacuna de hepatitis B ha sido recomendada sin que las pruebas
científicas de su seguridad hayan sido establecidas en una gran
muestra multiracial de recién nacidos de menos de dos días,
genéticamente diferentes, se hace evidente que el CDC ha tomado
a nuestros bebés como cobayas. El Comité debería
pues interrumpir este programa de vacunaciones de masa”.
En EE.UU., también el Dr. Burton A. Waisbren, especialista en
biología celular y de enfermedades infecciosas, uno de los fundadores
de la sociedad americana de enfermedades infecciosas, declaró
al “Wisconsin Medical Journal”: “Existen en la literatura
médica un número creciente de casos de enfermedades desmielinizantes
aparecidos después de que los enfermos hayan recibido la vacuna
de la hepatitis B. Dado que el virus mismo de la hepatitis B está
refutadamente acusado de causar problemas autoinmunes, ¿no deberíamos
por lo tanto ser prudentes al inocular antígenos que parecen
haber generado estos problemas?”.
La revista “The Vaccine Reaction“de septiembre de 1998,
señala un estudio publicado en 1996 en Italia (Montinari y colaboradores),
concernientes a treinta niños de 3 a 9 meses, afectados de desórdenes
del sistema nervioso y de autismo después de la vacunación
de la hepatitis B. El fin del estudio era determinar factores genéticos
responsables de procesos de desmielinización. Los autores habían
concluido: “Las enfermedades autoinmunes son más frecuentes
en los países que practican más vacunaciones”.
El periódico “Le Parisien” del 2 de octubre de 1998
ha publicado un facsímile de una carta enviada a Liliane Larvor
de la Facultad de Medicina de Brest, afectada de poliartritis reumatoide
desde su vacunación, obligatoria para trabajar en la facultad.
La carta tiene una cabecera del Ministerio de Trabajo y de Asuntos Sociales
y está fechada el 16 de Enero de 1996 y firmada por François
Vareille, subdirector de las profesiones de salud.
“A la vista del informe establecido por el experto, el Dr. Martin
del centro de fármaco- vigilancia de Brest, la Comisión
de Acuerdos Amistosos de los Accidentes de Vacunación, en su
sesión del 9 de enero de 1996 concluyó que la relación
de causalidad entre la vacunación y las alteraciones observadas
debía ser retenida”.
Liliane Larvor, gravemente afectada de minusvalía, aceptó
los 100.000 francos. Declaró al periódico “Parisien”:
“Cuando leí en los periódicos que el Estado no reconocía
nada sentí náuseas”.
En Mayo de 2000, la Dirección General de la Salud ha enviado
a siete enfermos, profesionales de la salud, una carta de reconocimiento
admitiendo una relación de causalidad entre la vacunación
y la aparición de la esclerosis en placas o de enfermedades autoinmunes
proponiéndoles una indemnización.
En noviembre de 2000, esta cifra alcanzaba a 21 enfermos. Se espera
que aumente rápidamente pero no hay que olvidar que únicamente
los profesionales de la salud para los cuales la vacunación es
obligatoria, serán indemnizados por el Estado. Los demás
no pueden más que dirigirse a los laboratorios. Así en
1999, Smith Kline Beecham ha elaborado un cartel para los médicos:
“El acto del médico, desarrollado en el secreto de su consulta
es la mejor garantía de la salud de cada uno de nosotros. Es
el médico quien en conciencia, armado de su saber y de su experiencia,
dispensa diagnósticos y prescripciones con el talento y la independencia
que esperamos de él y que justifica nuestra confianza en él’’.
Solamente el médico será responsable. Si desaconseja la
vacunación tendrá problemas con las instancias públicas,
pero si aparece una complicación, el será el único
responsable. Los ingleses que han comprendido esta manipulación
han planteado demandas contra los laboratorios y el gobierno, pero no
contra los médicos, perfectamente desinformados gracias al lavado
de cerebro organizado por los mercaderes de las vacunas.