COMENTARIO
DE
LA DRA. VIERA SCHEIBNER
Audiencias
sobre la vacuna contra la Hepatitis B
Blackheath
16.6. 1999
Estimada
Srta. Pinkerton:
Encontré
su nombre, el cual aparece como contacto, en la circular informativa
referente a las audiencias sobre la seguridad de la vacuna contra
la Hepatitis B realizadas el 18 de mayo de 1999, en 2247 Rayburn
House Office Building?
Tal
como lo indica el membrete de mi carta, soy investigadora científica
titutar (jubilada) y desde 1986 me dedico al estudio de las vacunas
y el Síndrome de Muerte Súbita Infantil (SIDS) en
Australia. El punto de partida fue análisis de los respirogramas
de los bebés realizados por el Monitor Respiratorio Cotwatch
computarizado creado por mi esposo, ya fallecido, Leif Karlsson,
quien fuera ingeniero en electrónica de nacionalidad sueca
y residente en Australia. Fortuitamente, mientras registraba la
respiración de una serie de bebés, muchos de ellos
fueron vacunados y pudimos ver, en el transcurso de una hora,
el efecto de la vacunación sobre el nivel de stress de
la respiración en el registro impreso por la computadora.
Esto me motivó a iniciar una pormenorizada investigación
de temas relacionados con las vacunas, según lo publicado
en revistas médicas tales como The Lancet, British Medical
Journal, New England Journal of Medicine, etc. generando documentación
acerca de la conexión causal entre una gran variedad de
vacunas y reacciones serias, entre las que se incluyen lesiones
cerebrales permanentes y muerte. Ciertamente las vacunas son la
única causa más importante de la muerte súbita
infantil.
Existe
otro aspecto en los problemas de las vacunas: contrariamente a
lo que se pueda haber oído, aún por parte de aquellos
que demandan la interrupción de la vacunación obligatoria
en Estados Unidos, las vacunas no previenen enfermedades. La supuesta
y publicitada "erradicación" de enfermedades
como la viruela y la polio, o la meningitis Hib es un mito que
ya ni el estudio más firme en favor de la vacunación
puede sostener. La viruela estaba desapareciendo, de hecho, las
epidemias habían desaparecido décadas antes de que
la OMS decidiera poner en marcha la campaña de "erradicación"
final. También está documentado que las epidemias
más grandes se han dado en poblaciones altamente vacunadas,
no siendo así en aquellas comunidades no vacunadas. La
viruela sigue apareciendo, aunque a una escala mucho menor, particularmente
en países que sufren situaciones extremas como guerras
o dificultades económicas como en Africa, India y otras
partes de Asia (Nepal). El mismo factor que terminó con
la peste bubónica, contra la cual no se ha realizado ninguna
vacunación masiva, acabó con la viruela, sobre todo
una alimentación mucho más adecuada, principalmente
con mayores niveles de vitamina C en las poblaciones del Viejo
y el Nuevo Mundo.
La
polio no se ha erradicado con la vacunación, sino que se
oculta detrás de una re-definición y nuevas denominaciones
de diagnóstico tales como meningitis viral o aséptica.
Cuando se probó la primera vacuna inyectable contra la
polio en aproximadamente 1.800.000 niños de Estados Unidos
en 1954, en el transcurso de 9 días se produjo una enorme
epidemia de polio paralítica en los niños vacunados
y algunos de sus padres, además de otras personas que habían
estado en contacto con los niños. El Inspector General
de Sanidad de EEUU interrumpió la prueba durante 2 semanas.
Entonces los vacunadores acordaron una nueva definición
de poliomielitis. La vieja definición, la clásica:
enfermedad con parálisis residual que se resuelve dentro
de los 60 días había sido modificada por: enfermedad
con parálisis residual que persiste por más de 60
días. Conociendo la realidad de la enfermedad de la polio,
esta excelente aunque deshonesta jugada administrativa excluyó
a más del 90% de los casos de la definición de polio.
Desde entonces, cuando una persona vacunada contra la polio contrae
la enfermedad, no se le diagnostica polio, sino meningitis viral
o aséptica.
Según
una de las publicaciones del Informe Semanal de Morbilidad y Mortalidad
(MMWR) de 1997, existen entre 30.000 y 50.000 casos de meningitis
viral por año solamente en Estados Unidos. Fue allí
donde todos esos 30.000 - 50.000 casos de polio desaparecieron
después de la introducción de la vacunación
masiva. También es necesario saber que la polio es una
enfermedad creada por el hombre, que esas tan publicitadas epidemias
han sido mal justificadas, puesto que estaban causalmente ligadas
a una difteria intensificada y a otras vacunas administradas en
el momento. Y hasta tienen un nombre: poliomielitis provocada.
La
revista oficial de la Asociación Medica Americana (JAMA)
en 1993 publicó que la caída en la incidencia de
Meningitis Hib se daba en el grupo de niños menores de
un año de edad cuando ninguna de las vacunas Hib estaba
siquiera autorizada para ese grupo de edad.
Las
recientes epidemias de meningitis en estudiantes universitarios
de EEUU pueden estar claramente ligadas al cumplimiento de la
vacunación contra sarampión, paperas y rubéola
como condición para el ingreso a las universidades de EEUU.
La incidencia de la tos convulsa se incrementó tres veces
más después de 1978, momento en que los estados
americanos individualmente comenzaron a exigir la vacunación,
tal como lo demuestran las páginas adjuntas de Hutchins
et al. No es necesario ser científico espacial para poder
interpretar dicho artículo, desafortunadamente, solo basta
con ser médico para no comprender sus propios datos. La
medicina desarrolló un tipo especial de razonamiento absurdo,
como el de que nunca se ha demostrado la relación causal
entre la vacunación y las reacciones observadas, sin definir
exactamente lo que considerarían evidencia de la relación
causal, mientras que publican datos sin procesar que indican claramente
la conexión causal entre la vacunación y el aumento
documentado en la incidencia de las enfermedades. La revista oficial
de la Sociedad Americana de Medicina (JAMA) publicó en
1992 que la incidencia de la tos convulsa, basada en los datos
obtenidos en la admisión hospitalaria, es de hasta 126.000
casos por año en Estados Unidos. Este es, verdaderamente,
el nivel pre-vacunación. Cuando se ensayaba la vacuna contra
la tos convulsa acelular en Suecia, apenas se administraron las
tres dosis de la vacuna a los bebés en estudio (es decir
que se les dio la vacunación completa) éstos desarrollaron
una enorme epidemia de tos convulsa. Se discontinuó el
experimento antes del tiempo de prueba planeado de dos años.
Es necesario agregar que prácticamente todos los niños
suecos por debajo del año de vida participaron del ensayo.
Se esperaban 20 muertes y se observaron 45 (más una accidental)
y a pesar de ello, este incremento tan significativo fue encubierto
afirmándose que ninguna de las muertes tenía relación
con la vacunación, aún cuando algunas muertes se
habían producido dentro de las 24 horas o pocos días
después de la vacunación. Los vacunadores no lograron
erradicar el sarampión, pero ahora sí afirman haber
reducido la incidencia de la enfermedad entre 1970 y 1987.
No
obstante, se ha publicado que en las comunidades Amish, muy poco
vacunadas, no se había denunciado ni un solo caso de sarampión
entre 1970 y 1987. Luego, a partir de 1987, tanto las comunidades
Amish no vacunadas como las comunidades externas muy bien vacunadas
comenzaron a experimentar importantes epidemias de sarampión.
Obviamente, la vacunación era totalmente irrelevante. Es
muy probable que las constantes y pequeñas epidemias de
sarampión entre 1970-87 en los vacunados hayan sido causadas
por las vacunas, haciendo que el sarampión se mantuviera
vigente. En verdad, las epidemias de sarampión y tos convulsa
en Estados Unidos y cualquier otra parte se dan principalmente
en poblaciones totalmente vacunadas.
En
lugar de admitir con honestidad que la vacunación había
fracasado, los vacunadores recurrieron a tergiversaciones y mentiras
atroces. La peor es la del Síndrome del Bebé Maltratado.
Adjunto mi propio trabajo sobre este tema, enfatizando que todos
esos desprendimientos y hemorragias de retina considerados pruebas
contundentes de trauma (tales como el zamarreo de los bebés
por parte de sus padres o niñeras) pueden ser y son efectivamente
ocasionados por las vacunas, tal como lo demuestran los trabajos
adjuntos publicados en The Lancet, entre otros.
En
verdad, no necesitamos hacer más investigaciones, ya se
ha publicado todo lo que tenemos que saber para darnos cuenta
de que las vacunas no previenen las enfermedades sino que están
causalmente implicadas como responsables de las mismas así
como de reacciones muy serias. Le envío mi libro Vaccination
basado únicamente en el estudio de la literatura médica.
Sabiendo esto, he llegado a la inevitable conclusión de
que no necesitamos absolutamente de ninguna vacuna. Existe una
única inmunidad, la natural, la cual se logra a través
de las enfermedades infecciosas contraídas en la niñez.
Ningún niño a esta edad tendría por qué
morir a causa de estas enfermedades: si así fuera, sería
por impericia médica. Como ya lo indiqué en los
seminarios sobre los peligros de la vacunación, organizados
por el Royal Australia College of GP's (el programa de capacitación
de postgrado para médicos generalistas), para los cuales
fui invitada a presentar mi ponencia contra las vacunas. Cuando
médicos prescriben antibióticos para un niño
con sarampión, lo que están haciendo es empeorar
el cuadro. Los antibióticos constituyen otro sórdido
capítulo en la agresión médica al sistema
inmunológico, eliminan la flora intestinal, suprimen el
sistema inmunológico y ocasionan graves efectos colaterales,
en niños que padecen enfermedades infecciosas. Algunos
grupos, que advierten sobre los efectos colaterales de las vacunas,
pueden decirle a ud que soy radical. No solo considero que esto
es altamente difamatorio, sino extremadamente ilógico e
insensato: ¿acaso es uno radical por saber lo que yo sé
(lo cual incluye una amplia publicación de evidencias de
que las vacunas no proporcionan ningún beneficio, dado
que no otorgan protección contra las enfermedades infecciosas,
y que las reacciones son muy frecuentes, afectando prácticamente
a todos los niños vacunados en menor o mayor grado) y por
consiguiente, es uno radical por estar en contra de todas las
vacunas? ¿Se es razonable mientras se sabe que aproximadamente
uno de cada 270 niños en California padecen autismo, que
uno de cada 250 niños americanos sufren algún tipo
de problema en el aprendizaje o la conducta, sin olvidar que uno
de cada 500 niños desarrollan leucemia y cáncer
los cuales son también ocasionados por la vacunación,
y sabiendo además que las enfermedades infecciosas son
beneficiosas para los niños porque hacen madurar el sistema
inmunológico, marcando etapas en el desarrollo? ¿Y
todavía se siguen buscando mejores vacunas?
No
existe tal vacuna: la introducción de agentes patógenos
(y muchos otros agentes contaminantes y substancias tóxicas)
no van a garantizar la inmunidad. Oficialmente, la investigación
inmunológica ha ido demostrando desde principios de este
siglo que la inyección de vacunas no inmuniza: sensibiliza,
hace que los receptores sean más susceptibles a las enfermedades
que supuestamente las vacunas deberían prevenir, y además
los convierte en huéspedes de infecciones bacterianas y
virales no relacionadas. Los niños vacunados sufren de
una interminable serie de infecciones de oído que solamente
en los Estados Unidos tiene un costo de aproximadamente 3000 millones
de dólares anuales.
Una
joven australiana, residente en Inglaterra, organizó uno
de mis numerosos seminarios allí y me contó que
su padre le había dicho " Vé a los seminarios
de Viera y no vacunes a tus hijos. Todos esos problemas de infecciones
auditivas como la otitis media serosa o "glue ear" son
ocasionados por las vacunas". Cuando le pregunté quién
era su padre, me contestó " Es otorrinolaringólogo
en Brisbane, Australia ". También le pregunté
si él le pedía a otros padres que hicieran lo mismo.
Este no es el único ejemplo de la deshonestidad del sistema
de vacunación, quienes temen tomar su propia medicina.
El
Medical Observer de Australia publicó mi respuesta al ataque
realizado por un defensor fanático de la vacunación
en la cual lo desafiaba a continuar el debate en televisión
y que se hiciera inyectar las vacunas que se les aplicaban a los
bebés, pero ajustadas según su peso corporal, por
un médico de mi elección y en mi presencia (se adjunta
el artículo).No hemos tenido noticias de él. Considero
que éste es un pedido razonable que se le puede hacer a
todos los vacunadores. Sin mencionar el horror en sus ojos. Creo
haber más o menos delineado algunos de los hechos esenciales
sobre la vacunación. La vacunación obligatoria en
Estados Unidos es verdaderamente un insulto arrogante a la constitución
americana, a la libertad de elección, y a la simple decencia
humana, además de representar a la tiranía médica.
Esta práctica debe interrumpirse si Estados Unidos quiere
seguir proclamándose como garante de libertad para todos
contra todas las formas de tiranía. La caridad comienza
por casa.
Fuente:
Fundación The Eagle http://www.eaglefoundation.org
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