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LA OTRA CARA DE LAS VACUNAS (Parte III)


Ingrid Maida


Exclusivo para Eastern Group Publications

"No importa lo que yo crea sobre las vacunas -dice Pedro Palacios, un inmigrante mexicano que vive en el Este de Los Ángeles-. Igual tengo que hacer vacunar a mis hijas porque es obligatorio".
Al igual que Palacios, millones de padres en Estados Unidos deben cumplir con el mandato de vacunación infantil si quieren que sus hijos entren a cualquier escuela pública o privada.
Aunque poco conocidas por la población, algunos estados, como California, cuentan con excepciones de tipo religioso, filosófico o médico.
En el Distrito Escolar de Los Ángeles (LAUSD), por ejemplo, si un padre no quiere que su hijo reciba una o todas de las vacunaciones (como la DtaP o la MMR), solo debe acudir a la oficina central del LAUSD y llenar un formulario de "renuncia de vacunación", con el simple justificativo de "tener una fuerte creencia" contra esta práctica.
No obstante, la ley es diferente no sólo de un estado a otro, sino de un distrito escolar a otro.
Recientemente, el estudiante Mathew Mergenthal, fue expulsado de su escuela, perteneciente al Distrito Escolar de Gloucester Township en New Jersey, por rehusar la vacunación contra la hepatitis B, debido a creencias religiosas.

"No hay una justificación moral o científica para la actual obligatoriedad de vacunación infantil", dijo el Dr. Harold Buttram, parte activa del movimiento pro vacunación libre, formado por cientos de médicos que cuestionan la seguridad de la vacunación y por miles de padres de niños dañados o fallecidos a consecuencia de la aplicación de alguna vacuna.

"Es por esta razón -agregó Buttram-, que por muchos años he apoyado la libertad de elección de los padres para aceptar o rechazar vacunas para sus hijos basados en un consentimiento informado".

Para las autoridades de salud, sin embargo, la vacunación no puede ser una opción voluntaria para los padres por cuanto responde a una necesidad colectiva y no individual. De acuerdo al mismo CDC (Centro de Control de Enfermedades) "si no estuviéramos protegidos por las vacunaciones, estas enfermedades (la polio, la difteria o el sarampión, por ejemplo) pudieran extenderse rápidamente por toda la población, causando epidemias".
Este temor es precisamente el que ha hecho que Patricia Rojas, madre de tres hijos, continúe apoyando la vacunación a pesar de haberse enterado de que, según algunos estudios, ésta pudiera haber ocasionado el autismo de dos de sus hijos.
"No sé que creer porque no hay una explicación definitiva en ningún lado -dijo Rojas, antigua residente de Boyle Heights-. Pero igual pienso que la vacunación es importante".

La insuficiencia de estudios científicos sobre la seguridad de las vacunas ha sido por décadas el argumento más utilizado por quienes luchan por una vacunación voluntaria e informada.

Desde la creación en 1986 de la Ley Nacional de Daños de la Vacunación Infantil (NCVIA), todo padre debe recibir información detallada sobre los riesgos y beneficios de cualquier vacuna aplicada a sus hijos. La información escrita usualmente está a disposición de los padres en la mayoría de centros de salud.

Sin embargo, una reciente encuesta a varios padres en el Este de Los Angeles demostró que todos conocían las ventajas de la vacunación, pero ninguno pensaba que pudiera ocasionar alguna lesión seria o permanente.

"Si yo supiera que las vacunas son riesgosas no haría vacunar a mis hijos", afirmó Oscar Laguna, padre de cinco niños.

Otros, en cambio, apoyan la vacunación de manera incondicional. "Yo haría vacunar a mis hijos aunque no fuera obligatoria", dijo Marisela Valencia, una mexicana madre de tres niñas, a tiempo de dudar de cualquier posición que cuestione la seguridad a largo plazo de las vacunas. "No sabemos lo que vendrá en el futuro -aseguró-, para mi solo es importante el presente y por eso son importantes las vacunas".

La desinformación y el "fanatismo" social respecto al uso de las vacunas son para el Dr. Eduardo Yahbes, pediatra con mas de 40 años de experiencia, una consecuencia de la misma información incompleta y parcial que manejan tanto los pediatras como los medios de comunicación y que a su vez trasmiten a los padres.

"Se habla en los medios periodísticos de los riesgos 'gravísimos' de las enfermedades infectocontagiosas y se relatan las muertes causadas por aquellas -dijo Yahbes, promotor del movimiento "vacunación libre" desde Argentina-. Nada se dice de las muertes producidas por las vacunas y de los efectos adversos desencadenados a partir de estas".

Si bien, de acuerdo a las autoridades de salud, la vacunación es el medio más eficaz para la prevención de la enfermedad, para Yahbes, así como para otros opositores de la vacunación obligatoria, son motivaciones económicas antes que médicas, las que promueven la actual política mundial de vacunación.

"La obligatoriedad de las vacunas se debe al lobby (presión) de las empresas productoras más que a verdaderas razones científicas", dijo Yahbes.

Por esta misma razón, Barbara Fisher, directora y fundadora del Centro Nacional de Información sobre Vacunas (NVIC, siglas en inglés) cree que la esperanza del cambio está en manos de la población. "Yo creo que la misma gente será la que obligue a cambiar el sistema de vacunación masiva", dijo la representante de esta organización, que desde hace 22 años agrupa a miles de padres cuyos hijos quedaron dañados o murieron como reacción a alguna vacuna.

"Algunos están empezando a darse cuenta que luego de haber utilizado todas estas vacunas que el gobierno, la industria y los doctores les dijeron que usen, no están más sanos, sino más enfermos -agregó Fisher-. Cada vez hay más gente que entiende que un estilo de vida saludable (alimentos nutritivos, mucho ejercicio, sin fumar y con suficiente descanso) puede tener mucho más que ver con estar sano que con el uso de tantas drogas y vacunas".

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