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DISIPANDO LOS MITOS
DE LA VACUNACION
Introducción a las contradicciones
entre la ciencia médica y las políticas de vacunación
Autor: Rev. Alan Phillips
Director de Citizens for Healthcare Freedom
Ultima revisión: Mayo de 2001
INTRODUCCION
Cuando mi hijo empezó a recibir
las vacunas obligatorias a los dos meses de edad, yo no sabía
que las vacunas tenían riesgos. Pero había una contradicción
en el volante de la clínica: las probabilidades de que mi hijo
tuviera una reacción adversa seria a la vacuna triple era de
1 en 1750, mientras que el riesgo de morir de tos convulsa era uno en
varios millones. Cuando le mencioné esto al médico, no
estuvo de acuerdo, se enojó, y salió violentamente del
consultorio mascullando: "Creo que debería leer ese volante
alguna vez...". Poco tiempo después me enteré de
un niño que había quedado inválido por una vacuna,
así que decidí investigar el tema yo mismo. Me enteré
de cosas que me alarmaron tanto que me siento obligado a compartirlas.
Para eso escribí este informe.
Las autoridades médicas atribuyen
la disminución de las enfermedades a las vacunas, nos aseguran
que no tienen riesgos, y que son efectivas. Sin embargo estas afirmaciones
están en directa contradicción con estadísticas
gubernamentales, estudios médicos, informes de la Administración
de Alimentos y Medicamentos (FDA), de los Centros para el Control de
las Enfermedades (CDC), y con las opiniones de prestigiosos investigadores
científicos de distintas partes del mundo. De hecho, las enfermedades
infecciosas disminuyeron sostenidamente durante décadas antes
de la introducción de las campañas vacunatorias; cada
año, médicos norteamericanos dan parte de miles de reacciones
serias a las vacunas, incluidos cientos de muertes y casos de invalidez
permanente; han ocurrido epidemias en poblaciones totalmente vacunadas,
y existen investigadores que atribuyen decenas de problemas inmunológicos
y neurológicos crónicos a los programas de vacunación
masiva.
Décadas de estudios médicos
aparecidos en las más prestigiosas publicaciones médicas
del mundo han documentado el fracaso de las vacunas, y sus efectos adversos,
incluso muertes. Decenas de libros escritos por médicos, científicos
e investigadores independientes revelan serias fallas en la teoría
y en la práctica de la vacunación. A pesar de todo esto,
aunque parezca increíble, la mayoría de los médicos
y padres desconocen esta evidencia. Esto ha empezado a cambiar durante
los últimos años, a medida que un creciente movimiento
de padres y proveedores de salud, de distintas partes del mundo, toma
conciencia de los problemas asociados a la vacunación obligatoria
de la población, y la cuestiona. Existe un creciente movimiento
internacional que está eligiendo no ser parte de la inmunización
sistemática obligatoria. Este informe presenta parte de la información
en la que se basa dicho movimiento.
Mi objetivo no es decirle ni a usted
ni a nadie si debe o no vacunar. Lo que busco es señalar, con
la mayor urgencia, algunas muy buenas razones por las cuales todo el
mundo debería evaluar los hechos antes de decidir si aceptar
o no la vacunación. Como padre, me escandalicé al enterarme
de que no existe ninguna obligación legal, ni una ética
profesional, que obligue a los pediatras a estar informados en profundidad
sobre los riesgos de la vacunación (para no mencionar el deber
de informar a los padres de que al vacunar hay riesgo de muerte o de
invalidez permanente). También quedé consternado al ver
personalmente que la mayoría de los médicos, si bien con
las mejores intenciones, llevan a cabo procedimientos basados en información
incompleta, y, en algunos casos, totalmente errónea.
Este informe no es más que
una breve introducción al tema. Se justifica y es altamente recomendable
que usted siga investigando por su cuenta. Verá que es la única
manera de tener una visión objetiva, ya que esta es una controversia
altamente emocional.
Sea cauto: según la experiencia
de mucha gente, los pediatras no están dispuestos a conversar
sobre este tema tranquilamente y con una mente abierta, o no son capaces
de hacerlo, tal vez porque muchos de ellos han puesto en juego su identidad
personal y su reputación profesional en base a la supuesta seguridad
y efectividad de las vacunas. Además, su profesión les
exige que promuevan la vacunación. De todos modos, según
comentarios de mucha gente, a la mayoría de los médicos
le es muy difícil reconocer la evidencia de que las vacunas causan
problemas. El primer pediatra con el que intenté compartir lo
que había hallado me gritó enojado cuando mencioné
el tema con tranquilidad. Los conceptos erróneos tienen raíces
muy profundas.
1° MITO DE LA VACUNACION
"Las vacunas son seguras...
¿no es así?"
El sistema VAERS (Sistema de Notificación
sobre los Efectos Adversos de las Vacunas) fue establecido por el Congreso
bajo el Acta Nacional de Compensación por Daños causados
por Vacunas a Niños de 1986. Recibe anualmente unas 11.000 notificaciones
de reacciones adversas serias a las vacunas, entre las cuales se cuentan
unas cien o doscientas muertes, y un número varias veces mayor
de casos de invalidez permanente. Según funcionarios del sistema
VAERS, el 15% de las reacciones adversas son "serias" (tales
como: tener que ser llevado a la sala de emergencias, ser hospitalizado,
un episodio que ponga en juego la vida, invalidez permanente, o muerte).
Según análisis independientes de las notificaciones del
sistema VAERS, en el caso de la vacuna contra la Hepatitis B, las reacciones
adversas "serias" llegan al 50% . Si bien estos datos son
alarmantes, no son más que la punta del iceberg. La FDA (Administración
de Alimentos y Medicamentos) calcula que solamente se notifican tan
sólo el 1% de las reacciones adversas serias , y los CDC (Centros
para el Control de las Enfermedades) reconocen que sólo se notifican
alrededor del 10% de los casos. De hecho, ha habido en el Congreso declaraciones
sobre casos en los que se les dice a los estudiantes de medicina que
no notifiquen los posibles casos de reacciones adversas.
El Centro Nacional de Información
sobre las Vacunas (NVIC), una organización de base, fundada por
padres de niños muertos y dañados por las vacunas, ha
realizado sus propias investigaciones . Este Centro informó que
"en Nueva York, sólo 1 de cada 40 consultorios médicos
(2,5%) confirmó que se notifica una muerte o un daño después
de una vacuna". Dicho de otra forma, 97,5% de las muertes y casos
de invalidez relacionados con las vacunas no se notifican en ese lugar.
Dejando de lado las implicaciones sobre la ética médica
(la ley federal de los Estados Unidos exige que los médicos notifiquen
los casos serios de reacciones adversas ), estos datos sugieren que
las muertes y los casos de daños graves pueden ser en realidad
de 10 a 100 veces más que lo que se notifica.
En el caso de la tos convulsa, el
número de muertes causadas por la vacuna es mucho mayor que el
número de muertes causadas por la enfermedad, que de acuerdo
a los Centros para el Control de las Enfermedades (CDC) ha sido alrededor
de 10 por año en los últimos años, y solamente
8 en 1993, último año de incidencia pico de la enfermedad
(la tos convulsa aparece cada 3 ó 4 años, nadie sabe por
qué, pero está claro que la vacunación no es cíclica).
Si tenemos en cuenta que la mayor parte de las reacciones adversas no
se notifican, puede que la vacuna sea 100 veces más mortal que
la enfermedad. Algunos sostienen que este es un costo necesario para
evitar el regreso de una enfermedad que sería más mortal
que la vacuna. Pero dado que la mayor parte de la disminución
de la incidencia de las enfermedades en este siglo fue anterior al uso
generalizado de las vacunas (las muertes por tos convulsa disminuyeron
un 79% antes del uso sistemático de las vacunas), y dado que
las tasas de disminución de incidencia de las enfermedades se
mantuvieron prácticamente iguales luego de la introducción
de la vacunación generalizada de la población, las muertes
causadas por las vacunas hoy en día no se pueden justificar diciendo
que son un sacrificio necesario para el beneficio de una sociedad libre
de enfermedades.
Por desgracia, la historia de las
muertes vinculadas a las vacunas no termina ahí. A nivel internacional,
diversos estudios han señalado a la vacunación como una
causa del Síndrome de Muerte Infantil Súbita (SMIS) (El
Síndrome de Muerte Infantil Súbita, SMIS, es un diagnóstico
genérico dado cuando se desconoce la causa específica
de la muerte; se estima que en los Estados Unidos se producen entre
5.000 y 10.000 muertes anuales de SMIS). De acuerdo a un estudio, la
incidencia máxima de SMIS ocurre a los 2 y 4 meses de edad, precisamente
cuando se dan las dos primeras vacunas obligatorias , mientras que en
otro estudio se halló un claro correlato que se extiende tres
semanas luego de la vacunación. De acuerdo a otro estudio, en
los EE.UU. 3.000 niños mueren dentro de los 4 días de
recibir una vacuna (aunque parezca increíble, los autores no
mencionaron ningún vínculo entre las vacunas y el SMIS),
mientras que los estudios de otros investigadores indican que la mitad
de los casos de SMIS son causados por las vacunas.
A los estudios iniciales que mostraban
una relación causal entre el SMIS y las vacunas les siguieron
rápidamente estudios auspiciados por los fabricantes de vacunas,
cuya conclusión fue que no había ninguna relación;
uno de tales estudios sostuvo que la incidencia de SMIS en niños
vacunados era levemente menor que en los no vacunados. Sin embargo,
muchos de estos estudios fueron cuestionados por otro estudio que mostró
que por "confusión", los resultados habían favorecido
erróneamente a las vacunas. En el mejor de los casos, los distintos
estudios se contradicen. Sin embargo, ¿no deberíamos ser
prudentes? ¿No debería cualquier relación creíble
entre las vacunas y las muertes infantiles ser motivo suficiente para
el monitoreo generalizado y meticuloso de todos los casos de SMIS, para
saber su status vacunatorio? Las autoridades médicas han preferido
la negación antes que la cautela.
A mediados de los ´70, Japón
elevó la edad de vacunación, de dos meses a dos años;
la incidencia de SMIS disminuyó dramáticamente. Pasó
de estar 17° en el ranking de mortalidad infantil a estar 1°
(o sea, tuvieron la tasa de mortalidad infantil
más baja del mundo cuando los bebés no recibían
vacunas). La tasa de vacunación en
Inglaterra bajó temporalmente a un 30%, en la misma época,
luego de informes en la prensa acerca de daño cerebral causado
por las vacunas. La mortalidad infantil
bajó mucho durante unos dos años, y luego
volvió a subir justo cuando aumentaron las tasas de vacunación
a fines de los ´70. A pesar de estas experiencias, la postura
de la comunidad médica sigue siendo la negación. Los
jueces de instrucción no examinan el status vacunatorio de las
víctimas de SMIS, y las familias continúan pagando un
alto precio, desconocedoras de los peligros de las vacunas. Además,
se les niega el derecho a elegir.
Las afirmaciones de la FDA (Administración
de Alimentos y Medicamentos) y de los CDC (Centros para el Control de
las Enfermedades) acerca de la falta de notificación sobre reacciones
adversas, sugieren que en realidad las mismas cada año pueden
ser entre 100.000 y 1 millón (y las reacciones "serias"
serían aproximadamente un 20%). Un estudio que revela que 1 de
cada 175 niños que recibieron todas las dosis de la vacuna triple
bacteriana tuvieron "reacciones severas" y un informe para
abogados, escrito por un médico, según el cual, de cada
300 aplicaciones de la vacuna triple bacteriana, 1 resulta en convulsiones,
dan sustento a esta idea.
De hecho, las muertes causadas por
la tos convulsa en Inglaterra disminuyeron cuando la tasa de vacunación
bajó de 80% a 30% a mediados de los ´70. La conclusión
del estudio del epidemiólogo sueco B. Trollfors,
sobre la toxicidad y eficacia de la vacuna contra la tos convulsa alrededor
del mundo, fue que "hoy en día, la mortalidad causada por
la tos convulsa es muy baja en los países industrializados, y
no hay diferencia entre los países con tasas de vacunación
altas, bajas, e inexistentes". También descubrió
que Inglaterra, Gales y Alemania Occidental tuvieron más víctimas
por la tos convulsa en 1970, cuando la tasa de vacunación era
alta, que en la segunda mitad de 1980, cuando dicha tasa había
disminuido.
Además de
la vida y salud de nuestros niños, las vacunas nos cuestan dinero.
El Programa Nacional de Compensación por Daños causados
por las Vacunas (NVICP), del gobierno federal de los EE.UU. ha pagado
más de 1.200 millones de dólares desde 1988 hasta hoy
a las familias de niños dañados y muertos por las vacunas,
con dinero que viene de un impuesto a las vacunas que pagan quienes
las reciben. Mientras tanto, las compañías farmacéuticas
tienen un mercado cautivo: en los 50 estados de los EE.UU., las vacunas
son obligatorias por ley (aunque se pueden evitar legalmente en la mayoría
de los casos; ver el 9° Mito), sin embargo estas mismas compañías
tienen "inmunidad" en cuanto a la responsabilidad por las
consecuencias de sus productos. Más aún, se les ha permitido
utilizar órdenes de la corte que prohíben informar públicamente
sobre un caso que está ante la justicia, como herramienta de
influencia en los arreglos legales por daños causados por las
vacunas, para así impedir que se revele al público información
sobre los peligros de las mismas. Está claro que tales arreglos
son inmorales; obligan al público norteamericano a pagar, sin
saberlo, por las responsabilidades legales de los fabricantes de vacunas,
y a la vez intentan garantizar que el mismo público seguirá
desconocedor de los peligros de sus productos. Esta situación
también disminuye cualquier incentivo que puedan tener los fabricantes
para producir vacunas más seguras (después de todo, cuando
la vacuna causa una muerte o una lesión, ellos no tienen que
pagar, sino que siguen recibiendo sus ganancias).
Debe mencionarse especialmente el
hecho de que las compañías de seguros (que realizan los
mejores estudios sobre responsabilidad del fabricante) se niegan a cubrir
las reacciones adversas a las vacunas. Las ganancias parecen ser lo
que determina la posición tanto de la industria farmacéutica
como de las compañías de seguros.
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REFERENCIAS
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Information Service, Springfield, VA 22161, 703-487-4650, 703-487-4600;
see also NVIC, infra note 7; and the VAERS website at http://www.fda.gov/cber/vaers/vaers.htm.
[2] Statement of the National Vaccine Information Center (NVIC), Hearing
of the House Subcommittee on Criminal Justice, Drug Policy and Human Resources,
"Compensating Vaccine Injuries: Are Reforms Needed?" September
28, 1999.
[3] Less than 1%, according to Barbara Fisher, citing former FDA Commissioner
David Kessler, 1993, JAMA, in the Statement of the NVIC, supra note 2.
[4] Less than 10%, according to KM Severyn, R.Ph., Ph.D. in the Dayton
Daily News, May 28, 1993. (Vaccine Policy Institute, 251 Ridgeway Dr.,
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[6] Jane Orient, M.D., Director of the American Association of Physicians
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[7] National Vaccine Information Center (NVIC), 512 Maple Ave. W. #206,
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[8] 42 U.S.C.S. § 300aa-25(b)(1)(A),(B).
[9] Karlsson L. Scheibner V. Association between non-specific stress syndrome,
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Ph.D., Vaccination: 100 Years of Orthodox Research Shows that Vaccines
Represent a Medical Assault on the Immune System for discussion and references.
[10] W.C. Torch, "Diptheria-pertussis-tetanus (DPT) immunization:
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Academy of Neurology, 34th Annual Meeting, Apr 25 - May 1, 1982), Neurology
32(4), pt. 2.
[11] Id.
[12] Viera Schiebner, Ph.D., Vaccination: 100 Years of Orthodox Research
Shows that Vaccines Represent a Medical Assault on the Immune System,
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[14] See Viera Scheibner, supra note 12.
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[16] DPT Report, The Fresno Bee, Community Relations, 1626 E. Street,
Fresno, CA 93786, December 5, 1984.
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[24] MMWR (Morbidity and Mortality Weekly Report) 38 (8-9), 12/29/89.
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[34] Chicago Dept. of Health.
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[38] Darrell Huff, How to Lie With Statistics, W.W. Norton & Co.,
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[39] Quoted from the internet, credited to Keith Block, M.D., a family
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[40] See Trevor Gunn, supra, note 29, at 15.
[41] Id. at 21.
[42] Id. at 21 (British Medical Council Publication 272, May 1950).
[43] See Trevor Gunn, supra, note 29, at 21; see also Neil Miller, supra
note 33 at 47 (Buttram, MD, Hoffman, Mothering Magazine, Winter 1985 at
30; Kalokerinos and Dettman, MDs, "The Dangers of Immunization,"
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[44] See Mayo Vaccine Research Group, supra note 27.
[45] See Neil Miller, supra note 33 at 34.
[46] Chairman/Congressman Dan Burton, Committee of Government Reform,
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Preserving the Integrity of the Process," June 2000.
[47] Archie Kalolerinos, MD, Every Second Child, Keats Publishing, Inc.
1981.
[48] Washington Post, February 22, 1995.
[49] Reported by KM Severyn, R.Ph, Ph.D. in the Dayton Daily News, June
3, 1995.
[50] Vaccine Information and Awareness (VIA), "Measles and Antibody
Titre Levels," from Vaccine Weekly, January 1996.
[51] NVIC Press Release, "Consumer Group Warns use of New Chicken
Pox Vaccine in all Healthy Children May Cause More Serious Disease".
[52] Id. [Reported by KM Severyn, R.Ph., Ph.D.]
[53] Hearings before the Committee on Interstate and Foreign Commerce,
House of Representatives, 87th Congress, Second Session on H.R. 10541,
May 1962, at 94.
[54] NVIC Vaccine Conference Program Guide, 1997.
[55] Unanimous resolution of the AAPS, 57th Annual Meeting, St. Louis,
MO, October, 2000; see http://www.aapsonline.org/.
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[60] Stephanie Cave, MD, NVIC Vaccine Conference, September, 2000; see
http://www.909shot.com for conference transcripts and information.
[61] Congressman Dan Burton, House Committee on Government Reform, Hearing
on Mercury and Medicine, 6/18/2000.
[62] Press Release, Feb. 12, 2001; see http://www.autism.com/ari/press1.html
[63] Dana Ullman, Discovering Homeopathy, at 42 (Thomas L. Bradford, Logic
Figures, p68, 113-146; Coulter, Divided Legacy, Vol 3, p268).
[64] See S. Curtis, supra note 34.
[65] See S. Curtis, supra note 34.
[66] Isaac Golden, Vaccination? A Review of Risks and Alternatives, 5th
Edition, 1994. (Australia).
[67] Allanson v. Clinton Central School District, No. CV 84-174, slip
op. at 5 (N.D.N.Y. 1984).
[68] Sherr and Levy vs. Northport East-Northport Union Free School District,
672 F. Supp. 81 (E.D.N.Y. 1987).
[69] Fishkin v. Yonkers Public Schools, 710 F. Supp. 506 (S.D.N.Y. 1989).
[70] Berg v. Glen Cove City School District, 853 F. Supp. 651 (E.D.N.Y.
1994).
[71] Congressman Dan Burton, Committee on Government Reform, "FACA:
Conflicts of Interest and Vaccine Development: Preserving the Integrity
of the Process," June 15, 2000.
[72] "AAPS Resolution Concerning Mandatory Vaccines" at http://www.aapsonline.org/aaps/.
[73] J. Barthelow Classen, M.D., M.B.A.
President and CEO, Classen Immunotherapies, Inc., 6517 Montrose Ave, Baltimore,
MD 21212
Tel: (410) 377-4549 Fax: (410) 377-8526
E-mail: Classen@vaccines.net, letter to The Honorable Dan Burton, Chairman
U.S. House of Representatives, Committee on Government Reform, Washington,
DC 20515, October 12th, 1999, at http://vaccines.net.
[74] "Show us the Science," Mothering Magazine, March/April
2001, Report on the Sept. 2000 NVIC Vaccine Conference.
[75] See J. Barthelow Classen, MD, MBA, supra note 73.
[76] Viera Scheibner, PhD, 178 Govetts Leap Road, Blackheath, NSW 2785,
Australia; phone +61 (0)2 4787 8203, Fax +61 (0)2 4787 8988
[77] See J. Barthelow Classen, MD, MBA, supra note 73.
[78] Statement of the National Vaccine Information Center, Hearing of
the House Subcommittee on Criminal Justice, Drug Policy and Human Resources,
"Compensating Vaccine Injuries: Are Reforms Needed?" September
28, 1999.
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